Hasta hace unos años, elegir una carrera era casi un trámite: mirar una lista de títulos, preguntar a algún conocido y, con suerte, asistir a una charla en el colegio. Pero hoy, en plena revolución tecnológica, el panorama es otro.
Tests vocacionales online, videos de profesionales mostrando su día a día, algoritmos que sugieren ocupaciones y carreras que aparecen y desaparecen a toda velocidad. Todo parece estar a un clic de distancia.
La inteligencia artificial se metió de lleno en la conversación: buscadores, chatbots, plataformas educativas y simuladores de CV.
Frente a esto, surgen dos tentaciones peligrosas: idealizar la IA como si tuviera “la respuesta correcta” o demonizarla como si fuera “el enemigo” de la elección auténtica. Pero la realidad es que la IA es solo una herramienta poderosa. La decisión vocacional, en cambio, sigue siendo profundamente humana.
Por qué ya no alcanza con mirar la lista de carreras
La pregunta “¿qué vas a estudiar?” quedó chica para el mundo actual. Hoy, hay que sumar otras cuestiones clave:
- ¿Qué tareas concretas hace alguien en ese campo?
- ¿Cuánto de eso podría automatizarse?
- ¿Qué partes del trabajo requieren sí o sí presencia humana?
- ¿Qué formatos de empleo existen (freelance, remoto, híbrido, proyectos)?
Vivimos en un escenario donde muchos trabajos se automatizan o se apoyan en IA, aparecen puestos híbridos (tecnología + otra área), las carreras largas conviven con formaciones cortas y la idea de “título para toda la vida” se debilita. Lo que importa es el conjunto de habilidades y experiencias que vas construyendo.
Elegir carrera solo mirando un folleto es como elegir un destino de viaje solo por el nombre del país, sin saber nada más.
De “¿qué vas a estudiar?” a “¿qué problemas te gustaría ayudar a resolver?”
La orientación vocacional 3.0 propone cambiar el foco. No se trata solo de nombrar una carrera, sino de ubicarte en relación con el mundo:
- ¿Qué temas te interpelan?
- ¿Qué problemas te indignan, te conmueven o te dan ganas de mejorar?
- ¿En qué situaciones sentís que podrías sumar algo valioso?
La IA puede ayudarte a investigar, pero la pregunta central sigue siendo personal: “¿Dónde me imagino aportando algo que tenga sentido para mí y para los demás?”
Quizás no es solo “psicología” o “ingeniería”, sino acompañar procesos humanos con herramientas de salud mental, diseñar soluciones tecnológicas para problemas sociales, crear contenidos que informen y sensibilicen, o trabajar con datos para tomar mejores decisiones en salud, educación o ambiente.
La carrera es un camino. La brújula es otra cosa.
La brújula interna en medio de tanto algoritmo
Cuando todo se acelera y se tecnifica, la tentación es pensar que la decisión se puede tercerizar: “que el test me diga”, “que el algoritmo me recomiende”. Pero ningún programa sabe lo que se siente ser vos.
Ahí entra el concepto de Llamadón, creado por la psicóloga Romina Halbwirth:
- Llama: el fueguito interno, el entusiasmo genuino por ciertas maneras de estar y hacer en el mundo.
- Don: las habilidades que salen casi naturalmente, aptitudes que aparecen sin demasiado esfuerzo.
El Llamadón© es la conjunción de esa llama y ese don puestos al servicio concreto, en el aquí y ahora, de algo que tenga sentido para tu proyecto de vida.
La IA puede ayudarte a ampliar el mapa, pero la pregunta por tu Llamadón no la puede responder ninguna máquina.
Habilidades para un futuro con IA (y con humanos)
En un mundo donde muchas tareas repetitivas serán automatizadas, ganan valor las habilidades que la IA no puede replicar del todo:
- Pensamiento crítico: cuestionar fuentes, interpretar datos, tomar decisiones éticas.
- Creatividad: combinar información de manera novedosa, encontrar soluciones no obvias.
- Comunicación: explicar, escuchar, traducir lo complejo a algo comprensible.
- Inteligencia emocional: registrar estados internos propios y ajenos, empatizar, regularse.
- Trabajo colaborativo: coordinar con otros, resolver conflictos, construir en equipo.
La orientación vocacional 3.0 no solo pregunta “¿qué estudiar?”, sino también: “¿Qué habilidades ya tenés?”, “¿Cuáles podés desarrollar?”, “¿En qué contextos esas habilidades cobran más sentido?”
La IA puede ayudarte a detectar tendencias y simular trayectorias, pero entrenar pensamiento crítico, creatividad y manejo emocional requiere experiencia, ensayo, error y vínculo.
IA: aliada, sí. Piloto automático, no
Usar IA para elegir carrera no es un problema en sí. El problema aparece cuando se la toma como oráculo, se reemplaza la reflexión por un resultado automático o se pierde la pregunta por la historia personal y el contexto.
La IA puede ser una aliada excelente para investigar, comparar, explorar y simular caminos. Lo que no puede hacer es conocer tu historia, leer tus miedos y deseos ni sostenerte emocionalmente mientras decidís. Ahí entra el trabajo psicológico y el acompañamiento.
Sobreinformación y parálisis: cuando tanta data no ayuda
Otro fenómeno típico de la era 3.0: “Cuanto más busco, menos sé qué elegir”. Internet, redes y herramientas de IA multiplican las opciones. Lo que parece libertad puede volverse parálisis por análisis. Muchas veces la tarea no es sumar más información sino poner límites, recortar, ordenar criterios y pasar a experiencias concretas.
Elegir implica recorte, renuncia y compromiso. Esa dimensión es humana.
Top 5 errores al usar internet para elegir carrera
- Buscar “la carrera perfecta” en Google. No existe una respuesta infalible en una página web. Hay caminos posibles que necesitan contrastarse con la propia realidad.
- Tomar un test online como verdad absoluta. Ofrece indicios, no diagnósticos. Si un resultado moviliza, es material para trabajar en orientación, no un veredicto final.
- Mirar solo sueldos o salidas laborales descontextualizadas. Son variables importantes, pero cambian según lugar, experiencia y modalidad de trabajo. Elegir solo por dinero suele impactar en el bienestar psíquico.
- Compararse con lo que otros muestran en redes. Las historias visibles son parciales: no incluyen errores, condiciones de base ni privilegios.
- Posponer la decisión “porque después googleo”. La claridad no aparece sola: se construye con tiempo, preguntas y acompañamiento.
La orientación vocacional 3.0 integra tecnología e inteligencia artificial con escucha clínica, mirada sistémica e historia personal. La IA puede ampliar el mapa. La brújula interna —ese cruce entre llama y don en diálogo con el contexto— sigue siendo humana.



